Por: Redacción Constructivaonline.com.ar
La movilidad eléctrica argentina todavía representa una porción pequeña del parque automotor, pero su ritmo de crecimiento empieza a plantear un desafío energético completamente nuevo. En apenas cinco años, la electricidad destinada a vehículos enchufables podría multiplicarse más de once veces, obligando a mirar no sólo cuántos autos eléctricos circularán, sino también dónde y cómo podrán abastecerse.
Un reporte técnico de la Asociación de Concesionarios de Automotores (ACARA), elaborado a partir de estimaciones de la plataforma SIOMAA (la herramienta líder en inteligencia de mercado y estadísticas del sector automotor en Argentina), proyecta que el consumo eléctrico asociado al transporte de pasajeros y comerciales pasará de 28,5 GWh anuales hacia el cierre de 2026 a aproximadamente 322,2 GWh en diciembre de 2031. El salto equivale a multiplicar por 11,3 la demanda actual del segmento.
Detrás de esa curva aparece una expansión todavía más contundente de la flota. Los vehículos plug-in, categoría que incluye híbridos enchufables (PHEV) y eléctricos puros (BEV), pasarían de unas 25.440 unidades estimadas para fines de 2026 a casi 298.000 en circulación hacia diciembre de 2031, multiplicando por 11,7 el tamaño del parque.
La magnitud del crecimiento puede resultar llamativa, aunque su impacto sobre el sistema eléctrico nacional continuará siendo relativamente bajo. Los 322,2 GWh proyectados representarían apenas el 0,2% de la demanda eléctrica argentina, por lo que el principal interrogante no estaría en la capacidad global de generación, sino en cómo administrar la potencia allí donde los vehículos se conecten simultáneamente.
La presión se trasladará especialmente hacia las redes urbanas de media y baja tensión. Una concentración elevada de automóviles cargando durante determinadas franjas horarias puede generar cuellos de botella aun cuando exista energía suficiente en el sistema interconectado. La electromovilidad plantea así un desafío que será tan territorial y operativo como estrictamente energético.
La transformación también comienza a verse en los concesionarios. Los vehículos con algún grado de electrificación -híbridos convencionales, mild-hybrid, híbridos enchufables y eléctricos puros- representarían alrededor del 16,2% de los patentamientos durante 2026. Hacia 2031, esa participación podría acercarse al 30% del volumen anual comercializado en Argentina.
En números absolutos, la proyección supone alcanzar casi 196.000 patentamientos electrificados anuales hacia el final del período. Sin embargo, vender más vehículos con estas tecnologías no implica reemplazar rápidamente el parque existente: Argentina cuenta con unos 14,7 millones de unidades activas y esa cifra podría crecer hasta 17,2 millones en 2031.
La renovación anual del parque ronda el 5%, mientras que las bajas registradas y aquellas asociadas a obsolescencia alcanzan aproximadamente las 90.000 unidades por año. Esa inercia explica por qué la transición de las ventas hacia nuevas motorizaciones puede avanzar con rapidez mientras la transformación de todo el stock circulante ocurre de manera mucho más gradual.
El resultado es una convivencia que se extenderá durante años. Para fines de 2031, los vehículos impulsados exclusivamente por nafta, diésel y GNC todavía representarían el 95,3% del parque automotor argentino, mientras que todas las tecnologías electrificadas, pese a su fuerte crecimiento comercial, alcanzarían en conjunto apenas el 4,7% de las unidades que circulen por el país.
La demanda de combustibles líquidos tampoco desaparecerá. El aumento del parque total llevaría a un crecimiento estimado del 14,5% en su consumo hacia 2031. Aun así, la mayor eficiencia de las unidades electrificadas y la incorporación de propulsión eléctrica permitirían desplazar unos 410 millones de litros de combustible que, de otra manera, habrían sido consumidos.

El desafío que viene: Dónde cargar los vehículos
La adopción de vehículos enchufables presenta actualmente una marcada concentración geográfica: la Ciudad de Buenos Aires reúne más de 7.400 unidades activas, equivalentes al 38,5% del total nacional. Si se incorpora el Gran Buenos Aires, la región metropolitana concentra cerca del 70% de los puntos públicos y semipúblicos de recarga.
La distancia respecto de los estándares internacionales permite dimensionar la brecha. Argentina registra actualmente unos 61 vehículos enchufables por cada cargador público, mientras que el promedio internacional citado por el informe se ubica aproximadamente en 11 unidades por punto. El relevamiento contabiliza apenas 318 cargadores operativos distribuidos en todo el territorio nacional.
Si la flota efectivamente se acerca a las 298.000 unidades previstas para 2031, la infraestructura tendrá que crecer a otra velocidad. Aplicando una relación de un conector por cada diez vehículos, el país debería disponer de aproximadamente 29.800 puntos públicos de carga hacia finales de la década, una escala muy distante de la red disponible actualmente.
Incluso utilizando el estándar europeo AFIR, que considera la potencia instalada disponible por vehículo y otorga una ponderación menor a los híbridos enchufables, serían necesarios alrededor de 15.000 conectores. Frente a ese escenario, la red argentina actual representa apenas cerca del 1% de la infraestructura que demandaría la expansión proyectada.
El desafío tampoco consiste únicamente en multiplicar cargadores, sino en decidir dónde instalarlos. En Buenos Aires, la infraestructura disponible se concentra principalmente sobre los corredores hacia la Costa Atlántica, a través de la Autopista Buenos Aires-La Plata y las rutas provinciales 2 y 11, además de la salida hacia el norte por la Ruta Nacional 9.
La próxima etapa de la electromovilidad argentina dependerá entonces de una combinación de variables: más vehículos, redes urbanas capaces de administrar picos de potencia y corredores equipados con cargadores rápidos. Con una demanda eléctrica que podría multiplicarse por 11,3 en cinco años, el desafío ya no será solamente vender autos electrificados, sino construir la infraestructura que permita utilizarlos a escala.