Por: Redacción Constructivaonline.com.ar
Hace apenas dos semanas, las estaciones de monitoreo que el Departamento General de Irrigación mantiene en la alta cordillera mendocina mostraban una situación preocupante: prácticamente no había acumulación de nieve en pleno invierno. El escenario cambió de manera abrupta con la primera gran nevada de la temporada, un fenómeno que llevó alivio después de años caracterizados por la escasez hídrica.
Sin embargo, desde Irrigación advierten que la magnitud de la nevada no debe interpretarse como el final de los problemas relacionados con la disponibilidad de agua. El superintendente general del organismo, Sergio Marinelli, celebró la acumulación registrada, pero remarcó que Mendoza continúa enfrentando las consecuencias de varios años con caudales inferiores a sus promedios históricos.
"La nevada es una gran noticia y hay que decirlo con todas las letras: la cordillera está guardando agua para todos los mendocinos. Pero también hay que decir la otra parte: una nevada histórica no termina con años de crisis hídrica. El que crea que ya está, que la naturaleza nos salvó y podemos volver a gastar agua como antes, se equivoca. Y ese error lo pagaríamos todos", sostuvo Marinelli.
La cordillera como la gran reserva de Mendoza
Para explicar el valor de la nieve acumulada, el funcionario comparó a la cordillera con una caja de ahorro: durante el invierno se produce el "depósito" mediante las nevadas y en verano el deshielo permite disponer progresivamente de ese recurso. La actual acumulación representa, según Marinelli, un aporte extraordinario, pero llega después de numerosos períodos en los que el sistema hídrico provincial estuvo sometido a una fuerte presión.
"La cordillera es la caja de ahorro de los mendocinos. Cada invierno, la nieve es el depósito; y cada verano, el deshielo es cuando podemos extraer de la caja de ahorro. Esta nevada es un depósito extraordinario, de esos que aparecen una vez cada veinte años. Pero venimos de muchos años con la cuenta en rojo: ríos por debajo de su caudal histórico y acuíferos exigidos al máximo", explicó.
Los registros respaldan esa cautela. Durante numerosos años los caudales de los ríos se ubicaron por debajo de sus valores históricos y una parte importante de la producción agrícola debió compensar la falta de agua superficial recurriendo a reservas subterráneas. Esa utilización intensiva incrementó la presión sobre acuíferos cuyos procesos naturales de recuperación pueden demandar décadas.
Además, la cantidad de nieve acumulada en la montaña no se traduce directamente en el mismo volumen disponible para el sistema hídrico. Parte puede perderse por procesos como sublimación, filtraciones y acción del viento durante el deshielo, mientras que la cantidad que finalmente llegará a los cauces dependerá también de la evolución de las temperaturas durante la primavera.

Medir y planificar frente a un clima más variable
Por ese motivo, Irrigación realiza mediciones permanentes para determinar no solamente la cantidad de nieve existente, sino también el volumen de agua contenido en el manto acumulado. Esa información resulta fundamental para proyectar el comportamiento de los ríos y establecer posteriormente cómo deberá administrarse el recurso entre los diferentes usos productivos, urbanos e industriales.
Marinelli vinculó el brusco cambio registrado durante julio con una creciente variabilidad climática. "Nuestras estaciones en la montaña venían marcando cero nieve hasta el 10 de julio y hoy marcan una abundante nevada. Eso es la variabilidad climática intensificada por el cambio climático: pasamos de la sequía extrema a una nevada como esta. Ya no podemos manejarnos con el clima de nuestros abuelos", afirmó.
Durante los próximos meses, los equipos técnicos continuarán relevando la acumulación en las diferentes cuencas mendocinas para elaborar el Pronóstico de Escurrimiento. El informe permitirá estimar cuánta agua bajará por cada río durante la próxima temporada, comprendida entre el 1 de octubre y el 30 de septiembre siguiente, y será presentado públicamente en octubre antes del comienzo de la temporada de riego.
Para Irrigación, el desafío será convertir el importante aporte de nieve en una oportunidad para fortalecer la seguridad hídrica sin abandonar las políticas de eficiencia y planificación. "Parte de la nieve de julio es el agua que va a llegar a las fincas, a las casas y a las industrias en primavera y verano. Entre la nevada y la canilla hay meses de trabajo: medir, pronosticar, distribuir con criterio y no desperdiciar. Esta nevada nos da aire, no nos da permiso", concluyó Marinelli.